Seguramente debido al fervor del activismo progresivo de las mujeres en el mundo, habrás escuchado o leído la palabra «sororidad», que si bien no fue reconocida por la RAE, esta institución sí recogía algunos otros derivados como «sor» para referirse a las hermanas de una orden religiosa.
Esta palabra es de origen latino: soror, que significa «hermana consanguínea» y alude a una relación de amistad y solidaridad muy estrecha entre dos o más personas. En 1989 la doctora Marcela Lagarde utilizó esta palabra en español desde una perspectiva feminista y desde ahí ha tomado un significado que dista mucho de su origen, la cual buscaba representarnos como cercanas y no necesariamente enfrentadas con el sexo opuesto.
Desde este punto parte mi reflexión para esta entrega…
En el mundo empresarial contemporáneo, la búsqueda de la igualdad de género y la diversidad se ha convertido en una prioridad. Llegando a convertirse en un tema de agenda de Consejos de Administración la necesidad de igualar los miembros de las altas posiciones en 50/50 por ser un tema de prioridad de la agenda 2030 siendo una meta del ODS 5 el “Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”.
Hasta aquí podemos estar más o menos de acuerdo sin embargo, comienzo a distanciarme más de las formas que del fondo cuando se obvian temas de importancia capital, como la meritocracia en la selección de perfiles para puestos altos de directivos o que representan gran visibilidad, por ejemplo, por el tema de las cuotas.
Otro punto que resalto, desde mi observación, es que las mujeres “empoderadas” han aprendido a luchar por estos puestos de forma intensa, en ocasiones dando paso a una guerra entre las que estamos llamadas a cuidarnos y protegernos en nombre de la llamada hermandad.
Haré un alto para resaltar que reconozco la lucha de las mujeres desde la consideración de la primera ola del feminismo, que se desarrolló durante los siglos XVIII, XIX y principios del XX. Surgiendo como protesta contra lo que ellas entendían era una negación de sus derechos civiles y jurídicos, lo que supuso la primera acción colectiva organizada en defensa de los derechos ciudadanos de la mujer. De ahí a hoy mucho ha llovido.

Es mi creer que para lograr un cambio real y duradero en lo que nos proponemos, es esencial comprender y abrazar el verdadero significado de la «sororidad» en el entorno laboral. Entendida como la hermandad que debe primar en las mujeres en el mundo empresarial, que no solo implica apoyar el crecimiento del liderazgo femenino, sino también hacerlo de manera que no avasalle al hombre, sino que se complemente con él. Este enfoque, y resaltando la meritocracia, no solo es ético y justo, sino que también es fundamental para impulsar la ocupación de la mujer, de forma sostenible, en puestos de poder, desde el cual podemos aportar tanto gracias a nuestra naturaleza que nos invita a nutrir, cuidar y proteger a “nuestra manada”.
Estoy convencida de que la «sororidad» en el contexto empresarial va mucho más allá de reconocer la igualdad de género; se trata de crear un ambiente de seguridad, acompañamiento, colaboración y apoyo mutuo entre todos los miembros del equipo, independientemente de su sexo. Esto implica fomentar un sentido de comunidad donde cada individuo se sienta valorado y respaldado en su crecimiento profesional. En lugar de competir unos contra otros, promover la solidaridad y el trabajo en equipo para alcanzar las metas comunes.
Esto promueve impulsar el liderazgo femenino sin menoscabar al hombre
Podemos impulsar el liderazgo femenino sin restar importancia o marginar a los hombres. Se trata de resaltar y potenciar las habilidades y contribuciones únicas que cada individuo aporta, sin importar si es hombre o mujer.
Desde mi comprensión de «sororidad» podemos crear espacios donde las mujeres tengamos igualdad de oportunidades para crecer y prosperar, sin sentirnos limitadas por estereotipos de sexo o barreras invisibles. Mientras que se reconoce que el éxito del liderazgo femenino no se logra a expensas del éxito masculino, sino que ambos podemos coexistir y complementarnos, recordando el valor que aportan «Venus y Marte» haciendo un guiño al autor que hace este símil en su best seller.

>¿Quieres mostrar un verdadero compromiso con la diversidad y la inclusión?
Para ser efectivos, es fundamental que las organizaciones se comprometan activamente con la diversidad y la inclusión en todos los niveles de la empresa. Esto implica implementar políticas y prácticas que fomenten la igualdad de oportunidades, para hombres, mujeres y personas con necesidades especiales capaces de ejercer el puesto para el cual aplican. Eliminar sesgos inconscientes en la contratación y promoción, ya sea por sexo, religión, etnia o cuota y diseñar un entorno laboral donde todas las voces tengan el mismo valor y peso, acorde a su puesto y el tipo de decisiones a tomar.
Si estás en una posición de poder para decidir sobre estas cuestiones, te invito a trabajar con este enfoque, pues hacer esto no solo fortalecerá tu imagen de líder, sino que se enriquecerá la empresa en su conjunto al aprovechar al máximo el talento y la diversidad de su fuerza laboral.
Yo quiero creer, y trabajo para ello, que la «sororidad» desde esta perspectiva puede ser usada, muy bien, como motor real de cambio.
Hasta la próxima,
Karil Taveras Caputo
CEL de ideox
Karil Taveras Caputo es mercadóloga de profesión, máster en marketing estratégico, magister en administración de empresas, experta en transformación digital / cultural, constructora de marcas y cirujana empresarial. Es Chief Executive Leader de ideox, firma boutique liderada por consultores expertos en redimensionar el mercado de las empresas a través de la transformación de modelos de negocios. Sus propuestas hacen énfasis en la comunicación y el marketing estratégico.



